con las visceras
Soy un cámara de guerra de origen español que por fin vuelve a su casa tras haber pasado unos meses sumido en la arena. Desde ese tiempo y mucho antes he sido testigo de que a veces no he podido ejercer mi profesión tal y como me habría gustado. Tal malestar profesional me duele pero vale la pena haber sufrido así, ya que me ha hecho una persona libre.
Durante todos estos años de trabajo he sido testigo de compañeros de profesión caídos en el trabajo y he sentido su muerte como propia, es un momento en el que no importa en absoluto si lo conoces o no, da igual. Da igual si ese día yo estaba en casa descansando o jugándome la piel, da igual si era de una cadena de la competencia o de la casa. Los que vivimos en este filo de información y respeto a la libertad de expresión nos jugamos la vida de la misma manera que una persona normal sale de su casa al trabajo.
Entre nosotros, la muerte sonríe a quien busca la libertad.
El otro día, uno de mis mejores amigos en este trabajo, compañero de cámaras y mejor persona me decía que se sentía el ojo de Dios cuando empuñaba su cámara. Otros menos comprensivos lo tildaron de cínico. Yo me considero una persona más, a veces incomoda y a veces molesta, pero un profesional con el que se puede contar.
A través de mis ojos soy el mensajero de ganadores y perdedores, aunque a mi todos me parezcan igual, mis responsabilidades y los riesgos que conllevan siempre me han valido la pena y aunque se pierda la vida en un conflicto (forma bonita de definir a una guerra) siempre habrá valido la pena informar de ello.
Yo trabajo para que el Mundo no pierda su memoria. Porque quien olvida el pasado está condenado a repetirlo en el futuro.
Hablaba antes de ser libre y corresponsal, a veces atado por los ferreos códigos de trabajo, a veces impedido por otros motivos, a veces censurado, otras veces callado. Sin embargo si hoy me callo, si hoy dejo pasar otra vez, si hoy permito al mundo que me pisotee otra vez, habré perdido mi dignidad como persona, como hombre y como profesional.
Lo único cierto y verdaderamente importante de este post es que soy el eco viviente de un montón de ataques callados y silenciosos y muchos muertos, el personaje que capta desde su cámara las lágrimas inocentes de niños sin alma.
Y es cierto que mi opción me permite parar todo esto y convertirme en un miembro más de la honorable profesión de cámara de calle; sin embargo estaría entonces cediendo al Miedo, a la Represión, al Horror que contemplo día si y día también.
Cansado de todo esto a día de hoy, es uno de esos días en los que diría que no. que cedería al cansancio, a las noches que no he pasado con mi pareja, a los cumpleaños a los que no he acudido, al deseo perdido de una cama caliente y no un saco de dormir en una tienda al viento.
Pero yo no he nacido para hacer otra cosa que no sea ser honesto conmigo y con todo el que vea por mis ojos.
Así que firmo este post de forma anónima, porque este blog me permite ser un usuario perdido en internet, en forma de persona libre y siempre esperanzado con un mañana mejor. Y me amparo en mi libertad para alzar mi voz y callar a la vez. No soy nadie y a la vez soy Una persona.
Gracias.
Durante todos estos años de trabajo he sido testigo de compañeros de profesión caídos en el trabajo y he sentido su muerte como propia, es un momento en el que no importa en absoluto si lo conoces o no, da igual. Da igual si ese día yo estaba en casa descansando o jugándome la piel, da igual si era de una cadena de la competencia o de la casa. Los que vivimos en este filo de información y respeto a la libertad de expresión nos jugamos la vida de la misma manera que una persona normal sale de su casa al trabajo.
Entre nosotros, la muerte sonríe a quien busca la libertad.
El otro día, uno de mis mejores amigos en este trabajo, compañero de cámaras y mejor persona me decía que se sentía el ojo de Dios cuando empuñaba su cámara. Otros menos comprensivos lo tildaron de cínico. Yo me considero una persona más, a veces incomoda y a veces molesta, pero un profesional con el que se puede contar.
A través de mis ojos soy el mensajero de ganadores y perdedores, aunque a mi todos me parezcan igual, mis responsabilidades y los riesgos que conllevan siempre me han valido la pena y aunque se pierda la vida en un conflicto (forma bonita de definir a una guerra) siempre habrá valido la pena informar de ello.
Yo trabajo para que el Mundo no pierda su memoria. Porque quien olvida el pasado está condenado a repetirlo en el futuro.
Hablaba antes de ser libre y corresponsal, a veces atado por los ferreos códigos de trabajo, a veces impedido por otros motivos, a veces censurado, otras veces callado. Sin embargo si hoy me callo, si hoy dejo pasar otra vez, si hoy permito al mundo que me pisotee otra vez, habré perdido mi dignidad como persona, como hombre y como profesional.
Lo único cierto y verdaderamente importante de este post es que soy el eco viviente de un montón de ataques callados y silenciosos y muchos muertos, el personaje que capta desde su cámara las lágrimas inocentes de niños sin alma.
Y es cierto que mi opción me permite parar todo esto y convertirme en un miembro más de la honorable profesión de cámara de calle; sin embargo estaría entonces cediendo al Miedo, a la Represión, al Horror que contemplo día si y día también.
Cansado de todo esto a día de hoy, es uno de esos días en los que diría que no. que cedería al cansancio, a las noches que no he pasado con mi pareja, a los cumpleaños a los que no he acudido, al deseo perdido de una cama caliente y no un saco de dormir en una tienda al viento.
Pero yo no he nacido para hacer otra cosa que no sea ser honesto conmigo y con todo el que vea por mis ojos.
Así que firmo este post de forma anónima, porque este blog me permite ser un usuario perdido en internet, en forma de persona libre y siempre esperanzado con un mañana mejor. Y me amparo en mi libertad para alzar mi voz y callar a la vez. No soy nadie y a la vez soy Una persona.
Gracias.